lunes, 6 de abril de 2009

Silencio eterno.

Si no tuviera tus manos amordazando mi boca
Y tus labios comiendo mi cuello
No sentiría este amor tan aprisionado
¿Crees que es fácil?
¿Crees que es, como decidir entre limón o fresa?
No entiendo esta parte del amor, en que tú vas camino a Vallarta, con el aire en tu cara,
Mientras yo estoy atascada en el periférico a las ocho de la mañana.
¿Por qué no dejas que lo diga? ¿Por qué no lo sientes tú?
Muero por gritarlo y ¿Tú? tu mueres por desecharlo
Si tan solo el sexo dejara de ser una necesidad del cuerpo y convertirse en una necesidad del corazón...
Me siento aprisionada entre tu cuerpo y eso lo que llamas amor.
Esa mañana en la playa, tu conducías el Maverick verde, mientras yo, con los pies recogidos en el asiento, el cabello hecho un desastre y el cigarrillo en la mano miraba inquietante el mar, era hora de nadar...
Lo único que me ofreciste fue la tina roída del cuarto al que llamas nuestro pequeño rincón
Te amo... lo sabes y te lo digo en sollozos imaginarios en la oscuridad de las calles, en donde mis palabras se hunden con historias de desamor desgastadas a través de años y siglos.
Muchos me han ofrecido las llaves de mi cuerpo, me han ofrecido el mar y el cielo juntos y en verdad no sé porque muero día a día esperando me dejes decirlo al menos; porque sé que nunca recibirás estas palabras en tu corazón, sólo tomaras mi cuerpo una y otra vez hasta mi silencio eterno.

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